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MÁS BIEN NADA QUE ALGO [entries|archive|friends|userinfo]
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CAMBA [Sep. 5th, 2011|02:15 pm]
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Anoche me desvelé y no pude conciliar el sueño hasta las cuatro. Me acordé de una cosa que hizo mi hermano hace unos años en la que no puedo pensar sin partirme de risa. Luego decidí continuar con la noche del humor y cogí Sobre casi nada (1947) de Julio Camba. Os copio una columna para que lo tengáis en cuenta como antidepresivo. 

SOBRE LOS ACADÉMICOS
Jamás habrá demasiados obispos en la Academia Española. Ni demasiados obispos ni demasiados generales. También puede haber algunos escritores; pero a condición de que nadie los haya leído, por lo menos desde treinta años antes de su elección. El público, dígase lo que se quiera, es un ente sumamente modesto que lee a unos escritores y que admira a otros. Su propio juicio le inspira muy poca confianza, y un escritor que le guste o que le interese nunca le parecerá lo bastante bueno para ingresar en la Academia. 
Un académico viene a ser como si dijéramos la estatua de sí mismo. Su única misión consiste en suscitar el respeto de las gentes, y para ello conviene, o bien que tenga un gran uniforme de obispo o de general, o bien que esté completamente ga-gá. En Francia, modelo de países académicos, los escritores tienen que estar muchos años en adobo antes de ingresar sous la coupole. La Academia es allí el premio de la gota, de la arterioesclerosis y de otras muchas dolencias conservadores, producidas, generalmente, por el exceso de ácido úrico. 
Lo ideal sería que no se hiciera a nadie académico en vida. Así como la Iglesia no canoniza a ningún hombre, cualquiera que sea el número de sus virtudes, hasta mucho tiempo después de su muerte, a fin de que nadie pueda presumir de haber jugado al escondite, de haber ido al cinematógrafo o de haber comido judías en una taberna con San Fulano o con San Zutano, así tampoco debiera academizarse a ningún escritor mientras se recuerde una sola de sus páginas, y mucho menos si la página en cuestión pueda revelar algún talento. Indudablemente, la mejor manera de ser inmortal es estar muerto; pero de no estar muerto, yo considero que para ser académico es indispensable encontrarse por encima de las ideas y de las sensaciones, en ese estado especial de perfección que nosotros llamamos chochez. 
Cuando no se es general u obispo y, sobre todo, cuando se ha tenido originalidad, gracia o emoción, hay que estar chocho o ga-gá. Talento literario lo hay en todas partes, hasta en los pequeños periódicos, a diez céntimos el ejemplar, y la Academia, o no representa absolutamente nada, o tiene que ser algo muy solemne. Tan solemne como una reunión de paralíticos en un asilo del Estado. 



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